La realidad de auto-deportación

A la edad de 14 anos, Alonso, su hermano de 16, y su madre llegaron a Estados Unidos desde Perú. Su padre se quedo en Perú, pero dentro de un ano de Armando mudarse a Estados Unidos, su padre falleció de cáncer. Sin saber hablar Inglés, y sin mucha confianza para permanecer en este país con sus dos hijos, Alicia la madre Alonso regresó a Perú dos años después de vivir en Salt Lake City. Entonces, Alonso se quedó al cuidado de su hermano que ya había cumplido 18.

Conocí a Alonso en la escuela secundaria, sin darme cuenta de su estructura familiar no tenia idea de que estilo de vida que estaba viviendo. En la noche de nuestra fiesta de graduación en el 2010, le pregunté a Alonso cuáles eran sus planes después de graduarse.

“Voy a ir a Utah Valley University, pero no por otros dos años. He estado yendo a la escuela durante toda mi vida, creo que voy a tomar un descanso.”

La conversación fue breve y no pregunte más detalles acerca de su plan. Más tarde me enteré de que en los próximos dos años, Alonso trabajó en un restaurante mexicano y vivía en un apartamento en Sandy con un señor que había conocido en Craig’s list. En ese momento, yo todavía estaba viviendo en casa y al igual que muchos de mis compañeros de clase. Entonces se me hacia raro que Alonso vivera solo. Resulta que Alonso había estado viviendo solo desde su último año del colegio porque su hermano se había mudado a Perú.

Para algunos, el reencuentro con la familia puede no suena tan mal, pero “ir a casa” no es una cura para todos los inmigrantes—especialmente aquellos que fueron socializados en las escueleas estadounidenses.

Yo siendo inmigrante, entiendo lo tedioso y difícil que es el sistema de inmigración. Es así que le pregunté Alonso cuál era su estado de ciudadanía. En este punto ya teníamos una buena relación y me sentí lo suficientemente cómoda para preguntarle algo que yo sospechaba.

“¿Tu tienes papeles?”

“No, yo estoy indocumentado. Para ser honesto contigo, me tengo que regresar a Perú. Me despidieron de mi trabajo porque

no tengo papeles. No puedo ir a la universidad, no puedo hacerme una vida, y estoy aquí por mi cuenta.”

En julio de 2011, Alonso se regreso a Perú. Regresó al país de su nacimiento y no puede regresar al país durante 10 años como consecuencia por sobrepasar la visa que le llevó a los Estados Unidos cuando tenía 14 años.

Ahora se reúne con su madre y sus hermanos y va a una universidad local en Trujillo, Perú.

Para algunos, el reencuentro con la familia puede no suena tan mal, pero “ir a casa” no es una cura para todos los inmigrantes—especialmente aquellos que fueron socializados en las escuelas estadounidenses.

Como inmigrante a este país, he luchado con la sugerencia de que “volver a casa” es un regreso a casa real, sobre todo cuando esta forma de auto-deportación se promociona como una forma de abordar la reforma migratoria. Mi familia y yo llegamos a este país cuando tenía 8 años de edad. Llegamos a Salt Lake City desde Colombia en 2001 y yo no volvimos a Colombia hasta el año 2012. Fue en ese viaje trascendental que, por primera vez en los 11 años que pasé crecer, siendo socializado y educado en los Estados Unidos, me sentía más americana que nunca.

A día de hoy, no puedo imaginar vivir en Colombia de nuevo. Este país se ha grabado en mi identidad de forma permanente. Inglés es mi lengua natural y mi pensamiento, mis gestos y costumbres son de un estadounidense. Estoy feliz de estar aquí y es el lugar que llamo hogar.

Pensar en la deportación autoimpuesta o mandato del gobierno como un regreso a casa no es sincera. En la actualidad, el número total de deportaciones bajo la administración del presidente Obama alcanzó 2 millones en Abril del 2014. Dado este número de registro, no es raro que cualquier latino tenga un familiar o un amigo que ha sido deportado.

Como inmigrante que ha pasado la mayor parte de su vida aquí, haber sido criada en este país y que se siente muy americana, estoy tratando de traer atención al tema de deportación y el impacto que tiene sobre una persona y mas que todo una familia. Sé lo que significa tener nostalgia para una patria; a separarse de la familia con el fin de buscar una vida mejor; sacrificar y sufrir la humillación con tal fin; para separarse de un padre, una hermana, o un hijo y no ser capaz de verse durante años; plantar nuevas raíces, sin embargo, que alguien venga y te diga que no perteneces, pero en realidad perteneces en este espacio contradictorio. Esta complejidad es la realidad de la deportación—de “volver a casa”—en los Estados Unidos de América.