Latina/os enfrentan barreras contra tratamiento para trastornos emocionales

Por Laura Gonzales

Guerillera

Todo comenzó cuando yo tenía doce años. Estaba en sexto grado y comencé a tener una gran cantidad de sentimientos negativos de mí misma y los demás. Me sentí muy aislada, sola, y me sentía como si no cupiera en cualquier lugar. Todos estos sentimientos, que algunos ven como un comportamiento pre-adolescente, con el tiempo acumulado me llevó a un hábito poco saludable dañino.

Al principio era sólo rasguños. Me gustaba usar tijeras y rascarme la piel hasta que se volviera blanca. Cuando comencé junior high y los sentimientos empeoraron encontré mi primera hoja de afeitar y esta ves en serio comencé a hacer cortadas. Las tuve en mis brazos y piernas, pero aun tomaba el tiempo para cubrírmelas porque no quería que la gente se burlara de mi. Yo oía de otras personas en mi escuela que los niños con mi mismo hábito buscaban atención o solo eran “emo.” Todo esto devaluó mi situación y me hizo sentir aún más avergonzada de lo que me estaba pasando, así que nunca me acerque a alguien a decirle de lo que me estaba pasando.

No fue si no hasta luego en séptimo grado, cuando me encontré con un grupo de amigos que me hicieron sentir un poco más incluida que dejé ese hábito. Encontré gente que realmente me encantaba estar y para el día de hoy todavía tengo buenos recuerdos de los momentos que compartimos. Pensé que las cosas iban a empezar a darse la vuelta para lo mejor hasta que me di cuenta rápidamente, que los problemas aún estaban hay. A pesar de que se me había caído el hábito de cortarme y tenía un grupo de amigos, todavía me sentía inadecuada, cansada, enojada, e impotente todo el tiempo. Incluso llegue a un punto que traté de acercarme a mi hermana y hacerle saber cómo me sentía y que creía que era depresión. Desafortunadamente ella me saco del camino y no hablamos del tema nunca mas.

Tenía miedo decir a mis padres. En general hay un estigma asociado con tener enfermedades mentales o trastornos del estado de ánimo. En mi experiencia, siendo una mujer de primera generación Mexicana-Americana, se me hizo mas difícil empezar un camino hacia la recuperación.

La Alianza Nacional de Enfermedades Mentales (NAMI) identifica a Latino/as como un grupo de alto riesgo para la depresión, ansiedad y abuso de sustancias. Menos de 1 de cada 11 de nosotros va a contactar y llamar a un sitio de salud mental y utilizar los servicios que tienen a su disposición, y menos de 1 de cada 10 se pondrá en contacto los proveedores de atención de la salud en general. Eso deja un promedio de alrededor del 90% de las personas en mi grupo étnico en este país que viven con este tipo de enfermedades y que luchan en silencio.

¿Cuales razones mantienen Latinas/os alejados de obtener la ayuda que necesitan? Para empezar, algo que era un obstáculo para mí era que yo soy primera generación Mexicana-Americana. Mis padres no eran, y siguen siendo en algunos aspectos, familiarizados con los recursos a su disposición para nuestra familia. Mis padres, después de haber emigrado de México en el año 1980, no tenían conocimiento o acceso a de un centro de salud mental o de tener un médico de confianza y el acceso a servicios de asesoramiento para obtener ayuda para mi. Esto podría ser un factor de por qué, como estados de NAMI, el 34 por ciento de los caucásicos reciben atención mental apropiada en comparación con sólo el 24 por ciento de los latinos.

Profesora Mona Lisa Chávez-Esqueda explica por qué diferentes grupos de personas de color se retienen de obtener ayuda para problemas de salud mental usando artículos sobre de los problemas. Alguno do ellos muestra la diferencia en el diagnóstico cuando un Latino que habla español hablaba con un cliente Latino y cuando una persona Americana entrevistaba al mismo cliente.

“Lingüísticamente la hispana describía síntomas diferentes, porque podía pintar un panorama más amplio de lo que estaba pasando”, dijo Esqueda “frente con el proveedor de salud mental Americano, el diagnóstico parecía ser un poco diferente.”

El problema que afectó mi experiencia fue que el español sigue siendo el idioma principal en mi hogar. Incluso ahora que estoy atendiendo a terapia, todavía hay un montón de cosas que siento que no sé cómo elaborar correctamente porque mi terapeuta es Americana y tenemos esa disparidad cultural.

Una investigación de 1993 encontró que 1 de cada 4 Latinos viven en un hogar “lingüísticamente aislados.” Con este factor y el hecho de que sólo el 1% de los trabajadores sociales tomaron muestras al azar en una encuesta nacional que se identificaron como Latinos, existe una disparidad cultural, grande y un montón de gente está siendo representados o no están recibiendo ayuda en el campo de la salud mental. Otro artículo investigó era que a pesar de que Latinos indocumentados constituyen una buena parte de estas estadísticas, los Latinos que nacieron aquí o que han vivido aquí durante largos períodos de tiempo y han asimilado a la cultura estadounidense, son más propensos a padecer depresión que los Latinos indocumentados o recién inmigrado.

“Creo que hay un estigma en las familias étnicas,” Esqueda expreso. “Están tratando de asimilarse a la sociedad. Están tratando de entender la cultura dominante y quieren asegurarse de que están bien, y que no hay nada malo con ellos en los ojos de la sociedad.” Este tipo de presiones realmente puede tomar un peaje en alguien tratando de encajar. En mi experiencia personal sentí estas presiones cuando trataba de encajar en mi propia cultura Mexicana. Por lo que he vivido, hay una mentalidad de que el ser Mexicana es ser “fuerte.” Entre mi familia a veces me sentía demasiada agotada para levantarme de la cama o a veces estaba irritada, síntomas que son de la depresión, y ellos me veían como huevona y que tenia actitud. El estar deprimida se puede sentir como un defecto y es algo que me hacia sentir débil y menos mexicana. Sentía vergüenza cuando me daba por hablar del tema con mi familia pero no lo hacia porque no quería ser esa niña de la familia, la que tiene todos los problemas.

Este ultimo mes de Junio, finalmente, hablé con mi mama acerca de buscar ayuda. Después de mi terapeuta, ella me dio el diagnóstico que tenía un trastorno distímico. Es una depresión crónica a largo plazo. A pesar de que había varias cosas como he dicho antes que pudieron haber acelerado el proceso de conseguir tratamiento, ahora lo estoy recibiendo.

Por ultimo, si estas leyendo esto y puedes compartir las mismas experiencias que acabo de describir, solo se de que hay gente que te puede ayudar a pasar barreras que te impiden de vivir una vida feliz. No voy a decir que ha sido fácil, yo definitivamente no estoy donde quiero estar. Todavía tengo problemas con sentirme feliz y salir de la cama algunas mañanas. Hubo un tiempo donde me sentía atrapada en un túnel y dudaba que podía ver la luz a final del túnel. Ni siquiera creía que iba a llegar a los 20 anos, y ahora voy a llegar aquí. Aunque todavía no veo la luz al final, tengo esperanza que esta ahí, esperando que yo llegue y nunca mas mirar atrás.